Fiebre

Se entiende como fiebre al aumento de la temperatura corporal por encima de los valores normales. La temperatura corporal puede medirse utilizando un termómetro, por vía rectal, bucal o axilar. Por ser la vía axilar la más utilizada para medir la temperatura corporal, nos referiremos de ahora en adelante a la temperatura corporal considerando la vía axilar.

La temperatura corporal normal está comprendida entre los 36°C y 37°C. Una temperatura corporal por debajo de los 36°C es considerada como hipotermia, y una temperatura corporal por encima de los 37°C es considerada fiebre.

Si bien hay varias causas posibles por las que una persona puede tener fiebre, la presencia de fiebre es un indicador universal de que el individuo en cuestión se encuentra cursando un proceso infeccioso. Esta infección, puede ser desde un proceso absolutamente banal como un simple resfrío hasta una infección severa que comprometa la vida del paciente. Por lo que ante la presencia de fiebre, sobre todo por encima de los 38,5°C, la consulta médica es imprescindible.

Si bien se considera fiebre a todo aumento de la temperatura corporal por encima de los 37°C, existen diferentes niveles de fiebre, los cuales tienen asociados cuadros clínicos de diferente gravedad. Estos niveles de fiebre son:

Febrícula: temperatura corporal superior a los 37°C pero menor a los 38°C.

Fiebre leve: temperatura corporal comprendida entre los 38°C y los 38,5°C.

Fiebre moderada: temperatura corporal comprendida entre los 38,5°C y 39°C.

Fiebre alta: temperatura corporal comprendida entre los 39°C y los 41°C.

Hiperpirexia: temperatura corporal por encima de los 41°C.

En general, una temperatura corporal por encima de los 41°C implica un gran riesgo de provocar en el paciente secuelas neurológicas irreversibles y una temperatura corporal por encima de los 42°C implica un gran riesgo de muerte en seres humanos. Temperaturas corporales por encima de los 43°C son incompatibles con la vida.

Como se indicó antes en este artículo, la fiebre casi siempre obedece a la respuesta del organismo ante la presencia de una infección. El aumento de la temperatura corporal estimula el funcionamiento y genera mejores condiciones para que el sistema inmune pueda combatir y eliminar a los agentes infecciosos, y además empeora las condiciones para los agentes infecciosos, que necesitan para reproducirse y proliferar un ambiente con una temperatura cercana a los 37°C.

La sintomatología del cuadro febril es muy variada y presenta, además del aumento de la temperatura corporal, aumento de la frecuencia cardíaca, aumento de la frecuencia respiratoria, sensación de frío, palidez. A medida que aumenta la temperatura y se prolonga el cuadro, sed intensa, falta de apetito, apatía, dolores musculares, debilidad, lesiones en los labios y la mucosa bucal, deshidratación leve a moderada, confusión y alucinaciones con temperaturas corporales superiores a los 40°C. A medida que la fiebre comienza a declinar aparece enrojecimiento, sensación de calor en la piel y sudoración intensa.

Para el tratamiento de la fiebre, se emplean medidas físicas tendientes a disminuir la temperatura corporal como la aplicación de paños fríos en la frente, axilas y en la zona inguinal, baños templados o inclusive con hielo en el caso de fiebre muy elevada. El tratamiento farmacológico de la fiebre se realiza utilizando medicamentos antipiréticos.